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Te presento esta guía, de lectura fácil y rápida, destinada a aquellas personas que comienzan la apasionante aventura de compartir su vida con un perro, para que tanto la adaptación como la manera de relacionarse sea lo más armónica y placentera posible desde el principio.

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Guía de acompañamiento para adoptantes de perro

GUÍA DE ACOMPAÑAMIENTO PARA ADOPTANTES

A todos los perros que no he podido ayudar.
Vuestra memoria será siempre mi mayor motivación.

Agradecimientos

Muchísimas gracias a Marisa y a Eli, por volcarse tanto desde el principio y ayudarme de una manera tan noble y desinteresada.

1 - Introducción

Cuando adoptamos a un perro, adoptamos también el compromiso de cuidarlo y ayudarlo en todo lo que necesite, y eso incluye, además de alimentación y cobijo, dotarlo de las herramientas de autogestión necesarias para que, por un lado llegue a ser un perro emocionalmente adulto y feliz, y por otro, la relación con nosotros sea equilibrada y fructífera. En esta guía hablaré de manera resumida de cómo podemos ayudar a nuestro compañero a adaptarse en la convivencia con nosotros y de cómo podemos entender y solucionar los posibles problemas de conducta que puedan presentarse. Para ello, es imprescindible que nos situemos en una posición en la que comprendamos que el perro tiene unas necesidades emocionales propias; por eso, ante cualquier problema de conducta deberemos buscar, sobre todo y más allá de la resolución puntual del conflicto, las carencias que han generado ese comportamiento. Es decir, cualquier conducta del perro que nos resulte problemática, no es más que un síntoma de que algo en su equilibrio emocional no está bien, y es ahí a donde nos interesa llegar. Trabajando en la resolución del problema de fondo conseguiremos resolver mucho más eficazmente la conducta inapropiada, evitaremos que aparezcan otras y le daremos al perro el bienestar físico y emocional que merece. Bienvenido al mundo del acompañamiento canino, espero que durante el transcurso de esta lectura te envuelva la misma pasión y las mismas ganas de entender y ayudar a los perros que a mí.

2 - Bienvenido a Casa

El hecho de ser adoptado es sin duda una muy buena noticia para cualquier perro, aunque el proceso de adaptación al nuevo hogar supone inicialmente tener que asumir una gran cantidad de cambios en sus rutinas y en su entorno, y es importante entender y respetar esto para ayudar al perro en esta vorágine. Poco a poco iremos comprobando que, como consecuencia de darle al perro la responsabilidad de tomar decisiones, éstas serán cada vez más acertadas. Hay muchas situaciones en las que podemos cederle al perro el control, comenzando siempre por cosas que estén a su altura emocional y de las que no puedan derivarse experiencias negativas. Por ejemplo, si el perro reacciona de manera excesiva ante otros perros porque nunca hemos dejado que se acerque a saludarlos, podemos ir eligiendo en qué situaciones el encuentro puede terminar en una buena experiencia y dejarle actuar, basándonos en la actitud del otro perro, la gestión que haga del encuentro la otra persona, etcétera. Otra situación típica en la que menospreciamos la capacidad de autogestión de los perros es cuando los soltamos, bien porque estamos en un parque o porque el entorno nos permite hacer paseos sin correa. Debido a nuestros propios miedos, solemos llamarles continuamente para asegurarnos de que no se van a alejar demasiado, sin darles la oportunidad de explorar libremente y regresar a nuestro lado. Estos son solo algunos ejemplos significativos de cómo controlamos continuamente la voluntad del perro anteponiendo nuestros temores a la confianza en él, lo cual le genera ansiedad, inseguridad, estrés y falta progresiva de capacidad de decisión. Como norma general tendríamos que aprender, como primera medida ante cualquier posible conflicto, a contar hasta tres antes de intervenir, valorando en ese tiempo seriamente la posibilidad de no hacer nada y dejar al perro que lo solucione. Si pasado ese tiempo prudencial sentimos la obligación de hacer algo, trataremos de intervenir lo menos posible pero, eso sí, asegurando la resolución del conflicto. Es recomendable que los paseos iniciales no sean demasiado largos (unos diez minutos cuatro veces al día, o menos si se trata de cachorros) ni cargados de experiencias excitantes, y debemos comenzar siempre por el entorno más inmediato, aquellos primeros metros contiguos a la casa o al portal. Una vez que el perro haya identificado suficientemente ese entorno y se encuentre cómodo en él iremos ampliándolo de forma progresiva. En general, en estos primeros días deben imperar en casa la calma, la serenidad y la paz, para que el perro pueda estar relajado y no aumente su nivel de estrés, que ya de por sí será elevado al salir de la protectora. Es importante que el perro tenga un rincón de descanso propio, sin demasiados estímulos alrededor, y que se le ofrezca y respete un descanso de calidad. Hay que entender que los perros necesitan pasar gran parte del día durmiendo. De hecho, dependiendo de la raza, duermen entre 18 y 20 horas al día si son cachorros y unas 15 ó 16 horas si son adultos. A la vez intentaremos no cargar al perro durante este período de adaptación con exigencias, órdenes ni prohibiciones innecesarias que le hagan desviar sus esfuerzos de lo que realmente importa, que es asegurar y sentir su nuevo entorno como propio. También deberemos establecer unas rutinas de horarios, paseos y comidas muy claras para que el perro pueda prever lo que va a ir sucediendo. El hecho de llevar una correa de cinco metros no quiere decir que el perro vaya siempre a esa distancia de nosotros, sino que nos permitirá tener un control más preciso de las distancias, guardándonos en la mano siempre la correa que no estemos utilizando y dejando llegar al perro a aquellos lugares que le interese sin tirones ni tensión. Evidentemente el uso de este material es un poquito más exigente que los métodos tradicionales en cuanto a atención y habilidad, pero es algo que, bien utilizado, va a marcar una diferencia abismal en la salud emocional del perro y en el vínculo que establezca con nosotros. Será nuestra responsabilidad durante el paseo evitar poner al perro ante situaciones que le provoquen intereses que no podamos satisfacer. Por ejemplo, si sabemos que le gusta orinar en las ruedas de los coches y no queremos que lo haga, evitaremos pasar cerca de éstas en lugar de impedirle que, teniéndolas a su alcance, pueda hacerlo. En definitiva se trata de ofrecerle al perro un paseo amable, no estresante, sin tirones e impedimentos innecesarios, que le ofrezca la posibilidad de explorar el entorno de una forma natural y pausada, depositando en él cada vez más confianza para que vaya tomando por su propia iniciativa decisiones más conscientes y acertadas. Es muy importante también que el paseo no sea demasiado largo o cargado de experiencias estimulantes, pues esto se traduciría en un nivel de estrés elevado que probablemente el perro no estaría en condiciones de gestionar adecuadamente, y a la vez le impediría sacar posteriormente unas buenas conclusiones de esas experiencias. Lo que sigue a continuación es una serie de consejos generales para los primeros días de adaptación del perro al nuevo hogar, más adelante profundizaremos en los aspectos fundamentales del acompañamiento canino. Si la adopción todavía no se ha realizado, lo más recomendable es que, antes de venir a casa, el perro pueda familiarizarse un poco con nosotros en la protectora, para que luego durante el cambio al nuevo hogar tenga una referencia de confianza y seguridad. En ese sentido es recomendable que realicemos varias visitas a la protectora para estar con él, darle unos pequeños paseos y que el vínculo con nosotros se empiece a forjar desde antes de salir de allí. El momento de la llegada a casa es fundamental para que el perro vaya asegurando poco a poco su nuevo entorno sin bloquearse ni estresarse en exceso. Tenemos que permitirle conocer y explorar el hogar a su ritmo, si quiere dar una vuelta por toda la casa o si prefiere quedarse en una sola estancia para conocerla a fondo antes de atreverse a seguir debe ser decisión suya. Una cosa importante es cerrar las puertas de aquellos espacios a los que no queramos que acceda en lugar de dejarlas abiertas y controlarlo para impedirle entrar.

3 - Entender al Perro (Las Señales De Calma)

Los perros tienen, de forma natural, una manera de comunicarse propia, heredada de sus hermanos los lobos, y que es fundamental entender, respetar y practicar con ellos si queremos tener una relación sincera y estable. Al mismo tiempo, conocer estas señales nos hará ser capaces de evitar conflictos y malentendidos, pues estaremos en condiciones de anticiparnos cuando el perro esté incomodo o se sienta amenazado por nuestra actitud. Bostezar, lamerse el hocico, girar la cabeza, ladear el cuerpo o darse la vuelta, olisquear el suelo, caminar lentamente o venir haciendo una curva, son algunas de las señales que los perros utilizan entre sí y con nosotros para transmitir calma e intentar resolver una situación tensa. Si no entendemos estas señales, corremos el riesgo de interpretar mal al perro, pensando que está dando un rodeo o caminando despacio, por ejemplo, porque no quiere venir a nuestro lado, cuando en realidad lo único que está intentando es calmarnos porque nuestro tono al llamarlo ha sido demasiado brusco. Igualmente nosotros podemos utilizar estas señales para intentar calmar a un perro que está demasiado excitado, o para indicarle a un perro miedoso o inseguro que no somos una amenaza. Otra señal muy utilizada por los perros y muy demonizada por las personas es la de gruñir. El gruñido no es más que una forma de comunicación para hacer saber al otro que su presencia o su actitud le es incómoda. Los perros son especialistas en evitar conflictos, por eso el gruñido siempre va a ser interpretado por otro perro de la forma correcta y va a evitar un enfrentamiento si nosotros nos mantenemos al margen. Si por el contrario, impedimos de forma constante a un perro gruñir, aprenderá que no debe hacerlo, y la próxima vez que la presencia de otro perro o persona le incomode, su primera reacción será la de morder o mostrar una agresividad que no hubiese hecho falta si hubiese podido comunicarse en su forma natural. Por eso es tan importante entender su lenguaje y respetarlo, y a la vez dejarles interactuar entre ellos, dejar que se saluden por la calle, que se gruñan, que inicien y terminen ellos solos sus disputas e incluso sus peleas, que por regla general, nunca van a terminar en algo grave, a no ser que intervengamos añadiendo una tensión innecesaria. Muchos perros, debido al entorno hostil en el que les ha tocado vivir y a la ignorancia del ser humano acerca de su lenguaje, están tan desconectados de él que apenas perciben las señales de otros perros con los que se encuentran. Sin embargo, esto es algo que puede revertirse si se les deja relacionar con otros perros de forma frecuente y tranquila y si nos tomamos la molestia de aprender a comunicarnos con ellos en su lenguaje.

4 - Ayúdale a Crecer (Etapas De Desarrollo)

Los perros pasan, en sus dos primeros años de vida, por un proceso de desarrollo emocional dividido en diferentes etapas que se van sucediendo de manera cronológica y que están directamente relacionadas con su crecimiento físico. Es de vital importancia que estas etapas puedan completarse satisfactoriamente para que el perro llegue a la edad adulta siendo un individuo emocionalmente estable y consciente. Para lograrlo es crucial el papel del entorno en el que se van a desarrollar esos primeros años de vida, al igual que los individuos con los que va a interactuar, ya sean de su misma especie o de otras diferentes, y las posibilidades que se le brinden de vivir y asimilar de manera natural las diferentes experiencias que se vayan sucediendo. Idealmente, un cachorro aprendería teniendo como referente a su madre primero, y a sus hermanos y al resto de miembros de la manada después, siendo el papel de todos ellos el de meros acompañantes y observadores del proceso de aprendizaje, asegurando un entorno controlado en el que el perro pueda investigar por el mismo, y ofreciéndole siempre que lo necesite su ayuda, pero sin entorpecer el proceso de investigación, interacción y asimilación del cachorro. Paralelamente la madre, así como el resto de perros emocionalmente equilibrados de la manada jugarían en esta situación ideal un papel fundamental para el buen desarrollo del cachorro, que sería el de ser para él siempre que lo necesite un referente de calma, serenidad y confianza. Así pues, trasladando estos conocimientos a nuestra relación con los perros, podemos afirmar que nuestro papel debe basarse en asegurar para ellos un entorno con el que puedan interactuar libremente, y dejarlos investigar, equivocarse y descubrir a su ritmo, siendo nosotros una figura de acompañamiento y trasmitiendo en todo momento seguridad y disponibilidad, pero sin entorpecer el proceso de aprendizaje natural. Para nuestra tranquilidad, debemos saber que cualquier perro, aun siendo adulto, puede completar con éxito las diferentes etapas de desarrollo que no ha podido cubrir siendo cachorro si le brindamos la oportunidad de vivir de forma tranquila y progresiva las experiencias con las que se hubiera debido encontrar en su proceso de formación y que, ya sea por no poder estar el tiempo suficiente con su madre y sus hermanos, o por cualquier otro motivo como acumulación de estrés, miedos o interacción invasiva del ser humano, no tuvo la posibilidad de experimentar y asimilar.

5 - Reducción de Estrés

Para que el perro esté en condiciones de aprender por sí mismo y de establecer con nosotros un vínculo de confianza y seguridad, es imprescindible que se encuentre en unos niveles bajos de estrés. Un perro estresado, al igual que un humano estresado, es incapaz de extraer e interiorizar cualquier aprendizaje de una experiencia vivida, y a su vez es igualmente incapaz de responder a los estímulos que se le presenten de manera razonada y consciente. La mayoría de los perros viven hoy en día tremendamente estresados, así que, sea cual sea el problema de conducta que presente un perro, lo primero que deberemos hacer para poder comenzar a solucionarlo será reducir su nivel de estrés. Hay muchísimos factores estresantes, de hecho, cualquier exposición a un estímulo desconocido provoca de manera natural una situación de estrés controlado en el perro que hace que su organismo segregue diferentes sustancias químicas. Estos niveles de estrés son perfectamente asumibles para el perro, y hasta necesarios. El problema viene cuando nuestra presencia hace que se someta a ese nuevo estímulo de una manera antinatural: bien por aproximarse a él a un ritmo diferente del que el perro desearía, bien por hacerlo durante demasiado tiempo o demasiado poco, bien por obligarle directamente a interactuar con un nuevo estímulo que en ese momento el perro preferiría evitar, o bien por impedirle acercarse a uno que el perro sí querría conocer. Este último es un caso típico, pues cuando dos perros se encuentran en la calle, ambos suelen querer acercarse para conocerse, y somos nosotros los que muchas veces lo impedimos, provocando así unos niveles de estrés que pueden dar paso, si finalmente se les permite contactar, a una pequeña disputa que los perros por sí solos nunca hubiesen tenido.

6 - El Paseo

El paseo es uno de los momentos más importantes tanto para el perro como para nuestra relación con él. Dependiendo de cómo se desarrolle la rutina diaria de éste, podrá derivar en una carga constante de estrés que se acumule día tras día, o por el contrario será un motivo de calma, aumento de confianza y refuerzo del vínculo con nosotros. Para el perro el paseo es la forma de relacionarse con el mundo exterior, y muchas veces es el único momento del día en el que puede hacer y ver algo diferente de lo que hace y ve en casa el resto del tiempo. Así pues, lo primero que tenemos que tener claro es que el paseo debe estar dedicado a él, es su momento y debemos ofrecérselo de la mejor forma que las condiciones nos lo permitan. Nuestro objetivo es que regrese a casa sintiéndose realizado, habiendo explorado, olido y marcado todo lo que haya creído necesario y con la sensación de que ha sido lo más libre e independiente posible. Para ello utilizaremos siempre arnés y, salvo muy contadas excepciones como problemas dermatológicos, no utilizaremos el collar como herramienta de paseo. Por supuesto, bajo ninguna circunstancia utilizaremos arneses anti tiro, pues la finalidad última es que el perro elija no tirar por propia voluntad y no por el miedo a sentir dolor. La correa adecuada será una correa fina no extensible de entre 4 y 5 metros.

7 - Cesión del Control

Llegados a este punto, nos encontramos junto a un perro al que entendemos y con el que nos podemos comunicar, emocionalmente adulto, con unos niveles de estrés aceptables y una relación con nosotros de respeto y confianza mutuos. Es hora de ir aumentando esa confianza en el perro, tanto por nuestra parte como por la suya, y para eso deberemos ir cediéndole la responsabilidad de tomar sus propias decisiones ante las circunstancias que el entorno le vaya planteando. En realidad es un proceso que debe comenzar antes, paralelamente a todo lo comentado en esta guía, eso sí, siendo nosotros los responsables de no poner al perro ante situaciones o elecciones para las que todavía no esté preparado. Nuevamente, tenemos que tener muy presente cuál es nuestro papel en el desarrollo del perro como sustitutos de su madre y el resto de miembros adultos de su manada. Se trata de dejarle elegir y gestionar las diferentes situaciones a su manera. Es importantísimo dejar que se equivoque para que pueda aprender de sus propios errores, eso sí, siempre anticipando y evitando los posibles riesgos y no pidiéndole más de lo que en ese momento el perro puede dar. Recordemos que debemos intervenir lo menos posible, pero siempre estando seguros de que la experiencia no supone poner al perro en peligro o ante una situación para la que todavía no esté preparado. Poco a poco iremos comprobando que, como consecuencia de darle al perro la responsabilidad de tomar decisiones, éstas serán cada vez más acertadas. Hay muchas situaciones en las que podemos cederle al perro el control, comenzando siempre por cosas que estén a su altura emocional y de las que no puedan derivarse experiencias negativas. Por ejemplo, si el perro reacciona de manera excesiva ante otros perros porque nunca hemos dejado que se acerque a saludarlos, podemos ir eligiendo en qué situaciones el encuentro puede terminar en una buena experiencia y dejarle actuar, basándonos en la actitud del otro perro, la gestión que haga del encuentro la otra persona, etcétera. Otra situación típica en la que menospreciamos la capacidad de autogestión de los perros es cuando los soltamos, bien porque estamos en un parque o porque el entorno nos permite hacer paseos sin correa. Debido a nuestros propios miedos, solemos llamarles continuamente para asegurarnos de que no se van a alejar demasiado, sin darles la oportunidad de explorar libremente y regresar a nuestro lado. Estos son solo algunos ejemplos significativos de cómo controlamos continuamente la voluntad del perro anteponiendo nuestros temores a la confianza en él, lo cual le genera ansiedad, inseguridad, estrés y falta progresiva de capacidad de decisión. Como norma general tendríamos que aprender, como primera medida ante cualquier posible conflicto, a contar hasta tres antes de intervenir, valorando en ese tiempo seriamente la posibilidad de no hacer nada y dejar al perro que lo solucione. Si pasado ese tiempo prudencial sentimos la obligación de hacer algo, trataremos de intervenir lo menos posible pero, eso sí, asegurando la resolución del conflicto.

8 - Resumen

El objetivo de esta guía ha sido dar a conocer de forma clara y resumida los aspectos fundamentales del acompañamiento canino, necesarios para cimentar nuestra relación con los perros en el respeto, la empatía y la comprensión. Es hora de abandonar viejas creencias de dominancia, jerarquía y sumisión que, además de carecer de cualquier ética, han sido sobradamente desacreditadas. No existen perros agresivos, dominantes o incapaces de relacionarse bien con humanos u otros perros por naturaleza, sino individuos que, debido a las circunstancias que la vida les ha planteado, han llegado a comportarse de la única manera que han sabido aprender. Ahora sabemos que hay muchas cosas que podemos hacer para entenderlos y ayudarlos a alcanzar la madurez emocional, independientemente de su edad biológica y de su estado actual. En resumen, cualquier problema de comportamiento que pueda presentar un perro, podremos resolverlo ayudándole a completar el proceso de formación que no ha podido superar en el pasado y dotándole de las herramientas de autogestión y autosuficiencia necesarias, siempre con la ayuda de un buen profesional si el caso lo requiere, y siempre trabajando en un entorno lo más natural, amable y carente de estrés posible.

Bibliografía

Valores y principios de la educación canina, cuaderno de esquiligogía.

Autores: Jordi Herrera, Nicolás Planterose y Albert Vilardell Bartino.
Edita: Autoeditado.

El lenguaje de los perros, las señales de calma.

Autora: Turid Rugaas.
Edita: KNS ediciones.

¿Qué puedo hacer cuando mi perro tira de la correa?

Autora: Turid Rugaas.
Edita: KNS ediciones.

Neuropsicología canina.

Autor: DR. James O’Heare.
Edita: KNS ediciones.

Enlaces

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